Esta es la historia de Víctor Gómez CEO de 4Geeks Academy, una de las escuelas tecnológicas de mayor crecimiento en Europa y referente en formación en inteligencia artificial y talento digital. Víctor llego a España desde Venezuela tras una situación crítica en su país, donde sufrió episodios de inseguridad extrema. Su trayectoria se sitúa en la intersección entre educación, tecnología y emprendimiento, con una visión poco convencional sobre cómo deben construirse las empresas en un entorno de cambio constante.
Junto a su hermano Marco, ha impulsado un modelo de negocio que ha desafiado las dinámicas habituales del sector edtech: crecimiento sostenido sin financiación externa, foco absoluto en la empleabilidad y una apuesta decidida por la tecnología aplicada a la formación. En esta conversación, analiza su recorrido, las decisiones que han marcado la evolución de 4Geeks Academy y su visión sobre el futuro del trabajo en la era de la inteligencia artificial.
Trayectoria
¿Cómo ha sido tu trayectoria personal y profesional hasta convertirte en CEO de 4Geeks Academy?
El emprendimiento ha estado presente en prácticamente todas las etapas de mi vida profesional. Antes de llegar a España, junto a mi hermano, fundamos una empresa llamada Ten Tu Presupuesto, enfocada en reformas y reparaciones del hogar. Fue una experiencia muy enriquecedora; incluso recibimos un premio de emprendimiento, aunque finalmente el proyecto no prosperó, como ocurre con muchas iniciativas que forman parte del aprendizaje emprendedor.
Cuando me trasladé a España, continué explorando distintos proyectos hasta que, junto a mi hermano Marco —que ya formaba parte de 4Geeks en Latinoamérica—, identificamos la oportunidad de traer el modelo a Europa.
En aquel momento detectamos una brecha clara entre la formación existente y las necesidades reales del mercado tecnológico. Había talento e interés, pero no una formación suficientemente práctica y alineada con la realidad de las empresas. Esa brecha, lejos de reducirse, sigue existiendo hoy, especialmente en áreas vinculadas a la inteligencia artificial.
Emprender sin financiación externa
4Geeks Academy ha crecido sin inversión externa en un entorno donde levantar capital parece la norma. ¿Por qué tomasteis ese camino?
Desde el principio decidimos no depender de inversión externa porque queríamos mantener el control total del modelo educativo y de los valores que lo sostienen. Nuestro objetivo no era crecer a cualquier precio, sino hacerlo de forma sostenible, priorizando la calidad formativa y la empleabilidad real de los estudiantes.
El bootstrapping nos ha permitido libertad estratégica. No estamos condicionados por rondas de financiación ni por expectativas de retorno a corto plazo, lo que nos ha permitido invertir en lo que realmente aporta valor: tecnología educativa propia, inteligencia artificial aplicada a la formación y acompañamiento personalizado. Además, este modelo nos obliga a ser eficientes desde el primer día. Cada decisión debe tener impacto directo en el alumno y en el mercado laboral.
¿Qué significa en la práctica ser una “empresa camello” frente a la lógica del “unicornio”?
La metáfora de la “empresa camello” encaja perfectamente con nuestra filosofía. Frente a las startups que buscan crecer rápidamente apoyadas en grandes rondas de financiación, nosotros hemos apostado por construir una empresa capaz de sostenerse por sí misma.
Eso no significa renunciar al crecimiento —de hecho, hemos crecido de forma muy significativa—, sino hacerlo de manera consistente y sostenible. En un sector tan dinámico como el tecnológico, la capacidad de adaptación y resistencia es tan importante como la velocidad.
Lanzasteis la escuela en España justo al inicio de la pandemia. ¿Qué fue clave para no caer en ese momento?
Apenas unas semanas después de lanzar el proyecto llegó el confinamiento. Nos enfrentamos a una decisión crítica: cerrar o continuar. Ya habíamos invertido en el proyecto, así que decidimos seguir adelante, aunque con incertidumbre. Fuimos una de las primeras iniciativas formativas en sumarnos a la campaña “Yo me quedo en casa”, ofreciendo formación gratuita online a 100 personas.
Ese momento nos obligó a reinventarnos completamente y nos permitió aprender a ofrecer educación digital de calidad desde el primer día. También nos ayudó a generar confianza tanto en alumnos como en empresas.
Habéis crecido un 2.000% con EBITDA positivo desde el inicio. ¿Qué decisiones explican ese crecimiento?
La decisión clave fue no crecer a cualquier precio. Mientras muchas edtech quemaban capital para escalar, nosotros apostamos por la sostenibilidad desde el inicio. No todo fue perfecto. Hubo una expansión a Europa que no salió como esperábamos: mercados que no entendimos bien, aulas infrautilizadas y una pérdida de foco en España. Fue un error costoso, pero también una lección fundamental: no todas las oportunidades deben aprovecharse.
Hoy tomamos decisiones con otra mentalidad: no se trata de crecer más, sino de crecer mejor. La otra gran decisión ha sido poner al estudiante en el centro de todo. Esto implica financiación accesible, programas alineados con el mercado laboral, tecnología propia y mentoría continua. Todo ello dentro de un modelo que prioriza la sostenibilidad.
Fracaso y liderazgo
Te defines como un “emprendedor fracasado”. ¿Qué significa eso para ti?
Es la forma más honesta de describirme. No como una pose, sino como un hecho: he tenido más proyectos que no han funcionado que los que sí.
¿Cuál ha sido el error más importante que has cometido?
El error más importante fue el ego. La empresa en España funcionaba bien. Pero decidimos escalar a Europa antes de tiempo, porque era lo que “tocaba” en teoría. El resultado fue una expansión prematura: mercados que no conocíamos, problemas operativos y pérdida de foco en lo que sí funcionaba.
Tuvimos que retroceder. Y ese proceso fue duro, tanto a nivel empresarial como personal. La lección fue clara: crecer sin condiciones no es ambición, es ego disfrazado de estrategia. Desde entonces, cada decisión de expansión se evalúa desde el propósito, no desde la urgencia.
¿Crees que se idealiza demasiado el emprendimiento?
Sí, muchísimo. No solo se muestran los éxitos, sino que incluso los fracasos se narran de forma edulcorada. La realidad es mucho más compleja. Emprender significa tomar decisiones con información incompleta, con riesgos reales y con consecuencias que afectan a otras personas.
He vivido cierres de proyectos y conversaciones muy difíciles con socios, empleados y personas cercanas. Nadie te prepara para eso. El problema no es fracasar. El problema es no contar lo que realmente implica fracasar.
Si hablaras con alguien que acaba de fracasar, ¿Qué le dirías?
Le diría que pare y respire. No desde el optimismo vacío, sino desde la realidad: el error ya ocurrió y ahora tiene algo valioso, que es saber qué no funciona. En mi experiencia, he aprendido más de los proyectos fallidos que de los exitosos. El fracaso solo es un problema si no se aprende nada de él.
IA, educación y futuro del trabajo
¿Cuál es hoy la mayor desconexión entre educación y mercado laboral?
El sistema educativo sigue formando para un mercado que ya no existe. La tecnología evoluciona mucho más rápido que los planes de estudio. Lo que se aprende en los primeros años de una carrera puede estar obsoleto al finalizarla. Pero el problema no es solo la velocidad, sino el enfoque: se sigue formando a ejecutores, cuando el mercado necesita personas que comprendan problemas antes de resolverlos.
¿Qué habilidades crees que la IA no podrá sustituir?
La pregunta está mal planteada si pensamos en habilidades aisladas. La IA ya puede escribir, programar o diseñar. Lo que aún no puede sustituir es la toma de decisiones en contextos reales, con incertidumbre y consecuencias humanas. Eso requiere criterio. Y el criterio se construye con experiencia, errores y responsabilidad.
Si hoy empezaras desde cero, ¿Qué estudiarías?
Ingeniería en inteligencia artificial. Pero más importante que la herramienta es la capacidad de aprender de forma continua. La habilidad más valiosa hoy no es una tecnología concreta, sino la adaptabilidad.
¿Estamos preparando a la gente para trabajar con IA o para competir contra ella?
El enfoque de competencia es erróneo. Las empresas más exitosas serán aquellas que integren la inteligencia artificial en sus procesos y formen profesionales capaces de diseñar y supervisar esos sistemas. No se trata de competir contra la IA, sino de aprender a orquestarla dentro del negocio.
¿La IA va a reducir o aumentar la desigualdad en el empleo cualificado?
Va a aumentarla si no se corrige. El acceso a formación tecnológica ya es más barato que nunca, pero la brecha real está en quién sabe implementar IA de forma estructural y quién solo la usa superficialmente. La diferencia no está en usar IA, sino en hacer que la IA trabaje para ti.
Si tuvieras que resumir el futuro del trabajo en una frase, ¿Cuál sería?
Quien sepa hacer que la IA trabaje para él tendrá mejores oportunidades. Quien espere, trabajará para quien sí lo haya hecho. No es una amenaza, es una tendencia que ya está ocurriendo. El verdadero diferencial no será tecnológico, sino de criterio: decidir qué construir, por qué hacerlo y asumir sus consecuencias.
Conclusión
Esta entrevista deja una idea central clara sobre el futuro del trabajo, la educación y el emprendimiento en la era de la inteligencia artificial: crecer rápido no siempre significa crecer bien, y la sostenibilidad y el foco pueden ser más determinantes que la velocidad. También subraya que el fracaso no es una excepción, sino parte del proceso, y que lo relevante no es evitarlo, sino aprender de él sin dejarse condicionar por el ego. A esto se suma una realidad cada vez más evidente: la educación sigue desalineada con el mercado laboral, y en un entorno de cambio constante la ventaja ya no está en lo que se sabe, sino en la capacidad de adaptarse.
Por último, la inteligencia artificial no elimina el valor humano, sino que amplifica la diferencia entre quienes saben integrarla estratégicamente y quienes no. En conjunto, la idea es sencilla: en el futuro del trabajo, la ventaja no será técnica, sino la capacidad de tomar mejores decisiones en contextos complejos.
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