Las redes sociales se han convertido en una de las principales fuentes de información para los jóvenes. También —y cada vez más— para decidir cómo y dónde invertir su dinero. TikTok, Instagram o YouTube están llenos de vídeos breves que prometen libertad financiera, coches de lujo y rentabilidades rápidas con un lenguaje sencillo y atractivo. El problema es que no todo lo que se viraliza es fiable, y seguir consejos financieros “a golpe de reel” puede salir muy caro.
Este fenómeno ha puesto en alerta a supervisores, asociaciones de consumidores y expertos en educación financiera. La preocupación es clara: los jóvenes son uno de los colectivos más vulnerables frente a la desinformación financiera.
¿Por qué los jóvenes son más propensos a caer en inversiones de riesgo?
Existen varios factores que explican por qué una parte de la juventud se expone más fácilmente a engaños financieros en redes sociales:
1. Búsqueda de rentabilidad rápida
Muchos jóvenes entran al mundo de la inversión con un objetivo poco realista: ganar mucho dinero en poco tiempo. En un contexto de salarios bajos, precariedad laboral y dificultades para emanciparse, la promesa de “vivir mejor que tus padres” resulta especialmente seductora.
2. Redes sociales como principal fuente de información
En lugar de acudir a libros, formación reglada o asesores profesionales, una parte significativa aprende conceptos financieros a través de vídeos cortos y virales. El algoritmo prioriza lo llamativo, no lo riguroso, y eso favorece mensajes simplificados, incompletos o directamente engañosos.
3. Baja educación financiera
Cuando no se comprenden bien conceptos como riesgo, volatilidad, comisiones o diversificación, es fácil sobreestimar la propia capacidad y confiar en productos que no se entienden del todo.
El papel de los finfluencers: divulgación o captación encubierta
Los llamados finfluencers —creadores de contenido financiero— ocupan un espacio ambiguo entre la divulgación y la publicidad. Algunos explican conceptos básicos con rigor, pero otros construyen su discurso sobre una narrativa de éxito rápido, minimizando riesgos o silenciando conflictos de interés.
En muchos casos, estos creadores reciben comisiones de brókeres o plataformas de inversión por cada usuario que se registra o invierte usando sus enlaces o códigos. Cuantos más seguidores convencen, mayores son sus ingresos. A esto se suma la venta de cursos que prometen “resultados en tiempo récord”.
La vigilancia de la Comisión Nacional del Mercado de Valores
Ante esta situación, la CNMV vigila desde 2022 la actividad de los finfluencers. El supervisor ha aclarado recientemente un punto clave:
- No es lo mismo publicidad que captación de clientes.
- Difundir anuncios con una remuneración fija es legal.
- Recibir pagos en función del número de clientes captados puede considerarse una actividad reservada a entidades autorizadas.
Además, cuando hay una contraprestación económica, el contenido debe identificarse claramente como publicidad. No hacerlo puede derivar en sanciones importantes: hasta 500.000 euros para personas físicas y un millón para empresas.
Consumidores en alerta: la denuncia de la Organización de Consumidores y Usuarios
La preocupación no es solo institucional. La OCU ha denunciado recientemente a una empresa de formación financiera online por presuntas prácticas engañosas, como mensajes de urgencia, promesas implícitas de ingresos rápidos y posibles vulneraciones del derecho de desistimiento.
Este tipo de casos evidencian una realidad incómoda: el marketing financiero agresivo encuentra en las redes sociales un terreno fértil, especialmente cuando se dirige a un público joven y poco formado financieramente.
Redes sociales y responsabilidad: una asignatura pendiente
Algunas plataformas han empezado a colaborar con los supervisores, comprometiéndose a verificar que los anunciantes financieros estén autorizados. Otras, sin embargo, siguen mostrando una actitud pasiva.
El problema es que la línea entre recomendación y publicidad no siempre es evidente para el usuario. Muchos jóvenes no distinguen un consejo desinteresado de un anuncio pagado, especialmente cuando el mensaje viene envuelto en un formato cercano y aspiracional.
Datos que preocupan: inversión y estafas entre jóvenes
Las cifras confirman que el riesgo no es teórico:
- 1 de cada 3 jóvenes entre 18 y 30 años ha realizado alguna inversión en el último año.
- Un 15% ha sufrido una estafa en los dos últimos años.
- Estudios independientes señalan que más del 60% de los consejos sobre acciones en TikTok pueden ser engañosos, acumulando cientos de millones de visualizaciones.
El impacto de la desinformación financiera es, por tanto, masivo.
Educación financiera: la mejor defensa frente al engaño
Frente a este escenario, expertos y fundaciones coinciden en una idea clave: la educación financiera es la herramienta más eficaz para proteger a los jóvenes.
Las redes sociales no son negativas por definición. Bien utilizadas, pueden acercar conceptos complejos a un público amplio. El problema surge cuando falta transparencia, se confunden hechos con opiniones o se venden expectativas irreales.
Desarrollar criterio propio implica aprender a:
- Dudar de las promesas de rentabilidad rápida.
- Identificar cuándo un contenido es publicidad.
- Entender que toda inversión conlleva riesgo.
- Priorizar la formación antes que la imitación.
Conclusión: invertir no es deslizar el dedo
Invertir no debería ser una decisión impulsiva tomada tras ver un vídeo de 30 segundos. La riqueza fácil que muestran algunos perfiles suele ser la excepción, no la norma, y muchas veces ni siquiera es real.
Mientras los reguladores refuerzan la vigilancia y las plataformas deciden hasta dónde llega su responsabilidad, la clave sigue estando en el usuario. Porque en un entorno saturado de mensajes financieros, la verdadera libertad no está en copiar fórmulas virales, sino en entender lo que se hace con el propio dinero.
Invertir con criterio es un proceso. Hacerlo “a golpe de reel” es, cada vez más, un riesgo innecesario.
