
¿Qué es el co-living y por qué está perjudicando al alquiler de larga duración?
El co-living se ha popularizado como una alternativa moderna para vivir en grandes ciudades: habitaciones privadas, espacios comunes, servicios incluidos y la promesa de comunidad. Sin embargo, este modelo genera un efecto colateral preocupante: menos vivienda disponible para alquiler estable y precios cada vez más altos.
¿Por qué el co-living encarece el mercado?
Los operadores inmobiliarios obtienen mayores beneficios alquilando por habitaciones en lugar de ofrecer pisos completos. Esto provoca:
- Reducción del alquiler de larga duración
- Aumento de precios en zonas urbanas
- Segmentación del mercado hacia quienes pueden asumir rentas elevadas
- Mayor rotación y precariedad residencial
El resultado: vivir se vuelve un lujo y la estabilidad, una excepción. Esta lógica mercantil también transforma la propia concepción del hogar.
El hogar convertido en negocio
El co-living impulsa una visión mercantilizada de la vivienda. Lo que debería ser un derecho básico se transforma en un producto premium, con tarifas que a menudo no se justifican por el tamaño del espacio. Las viviendas se miniaturizan y los servicios se convierten en excusa para subir precios.
Esta tendencia beneficia a fondos de inversión, pero no responde a las necesidades reales de quienes buscan establecerse, formar una familia o simplemente tener un hogar sin fecha de caducidad.
¿Qué problemas sociales genera el co-living?
- Desplaza a residentes tradicionales de sus barrios
- Dificulta la creación de comunidad real: todo es temporal
- Normaliza la falta de privacidad
- Contribuye al gentrificación y a la fragmentación urbana
La convivencia es positiva cuando se elige libremente, no cuando es la única opción disponible.
¿El co-living perjudica al alquiler tradicional?
Sí. Reduce la oferta de alquiler de larga duración, incrementa los precios y favorece un modelo habitacional precario basado en la rotación y la rentabilidad a corto plazo.
Conclusión
El co-living no ha llegado para solucionar la crisis de vivienda. Ha llegado para aprovecharse de ella. Mientras no se regulen estas prácticas y no se incentive la vivienda asequible, seguiremos avanzando hacia un modelo donde vivir en la ciudad se convierte en un privilegio.
La vivienda no puede ser una tendencia: debe ser un derecho garantizado.